domingo, 21 de septiembre de 2014

CIEGA Relatos eróticos de Violeta Velasco

Ciega.
1ª Parte.

 No imaginaba como iría vestido, era la primera vez, pero después de varias opciones decidió que ella iría de negro y sexy; nunca falla y tenía bastantes prendas para combinar. Adornó su cintura con una cadena larga de plata de la que colgaba pene fino rojo; un pene del tamaño de un piñón que quedaba a la altura de su pubis. Encima un vestido de piel pegado al talle, negro, a media rodilla, escote cuadrado, media manga, medias negras, tacón rojo y negro. Ese día decidió dejar secar su melena rubia al viento; esto la hacía sentir mejor, más natural, más libre...
 Era casi la hora en que tenia la cita pero había llegado antes, quería ver quién era Jack, sorprender ante sentirse sorprendida; saber. Estaba atenta a todos, cualquier hombre que se acercaba podría ser él, sentimientos contradictorios la recorrían, podía ir desde la excitación al miedo, incluso consideró en un momento que era una locura sólo había visto el torso y polla de ese hombre, y sus insinuaciones continuas en unas conversaciones hot de un chat. Ni siquiera sabía su nombre, quizás... ¿acaso se llama alguien Jack? Jack, ¿qué más?
 Ella lo seguía llamando así, ese era el poder que llegó a conseguir de ella, un extraño se apoderaba de su cuerpo y su mente sin poder retroceder, no sabía que estaba pasando, pero lo dejó pasar. Cada hombre que se cruzó fue minuciosamente repasado y visualizo las pollas de todos esos ciudadanos ajenos a tal plan.
 Sonó una llamada e inmediatamente sacó el teléfono del bolso, su estado de espionaje la ponía tensa, hizo que casi colgara la llamada; era él...
-          Elegante, sensible... ingenua...brutal...
-          Soltó una carcajada tensa-  ¿Dónde estás? ¿Me estás viendo tú?.
Dio un salto y se giró buscándolo casi avergonzada de haber sido sorprendida en su escondite.
-          Desde luego, ¿cómo dejar de hacerlo?
-          ¿Dónde estás?..
Repitió alejándose del banco más escondido del parque y buscando en derredor
-          Sigue avanzando, no te gires.
Noelia se paró en seco. En esos momentos su primer pensamiento fue quitarse los tacones de 10 cm y echar a correr, sin mirar atrás, lanzar aquel móvil al estanque  y olvidarlo todo,  pero él continuó.
-          No te vayas.
Ese tono de voz la recorrió por entero, en su columna mil chispas saltaban  y hacían ponerse esbelta, sintió su coño húmedo, no podía creer lo que estaba sintiendo, miró al suelo con el móvil aun en el oído y en silencio...
-          Estoy aquí. No, por favor  no te gires aun.- susurró a su oído.
 Despacio metió el teléfono en el bolso y levantó la cabeza en señal de seguridad, aunque no la rozaba lo sentía ahí, estaba sintiendo su roce duro en el culo, recordaba esa foto y su sexo volvía a soltar, era tan notorio que casi se podía escuchar la humedad que le estaba provocando. Entonces Jack acercó sus labios al cuello y la besó tan sutilmente que Noelia sintió que era el viento, un siroco caliente que bajaba a sus pechos y la envolvía en fantasía y lujuria, deseó que le soplara así en sus senos, caliente, despacio.
 Jack era un hombre muy alto y sus deseos ordenaban; eso era lo único que sabía de él, era un encantador de serpientes, un vicio perturbador, un canalla placentero. La ambigüedad, la seducción, el poder. La redención. La abrazó desde atrás y avanzaron unos pasos hacia la barandilla del estanque, ella ya notaba realmente lo que antes sólo había fantaseado; ese centro del placer que tenía un poder de atracción y dominación que la estaban poniendo al límite. La apoyó en la barandilla sin dejar de abrazarla
-          Mira – le ordenó con el índice enfrente
No hablaba, se sentía capturada por Jack, la envolvía con su gran cuerpo y era una muñeca en sus brazos, sus caras pegadas y esa fuerza con la que sus manos le apretaron el coño y una teta a la vez descaradamente en público la cohibieron entre placer. Jack se la comía, pero aun no la dejaba verlo. Noelia aparto la cara bruscamente y actuando con sorpresa lo miró, pero la beso tan rápido y fuerte que sólo pudo perderse en sus ojos, ojos dominantes, ojos negros, ojos de toro, impasibles, ardientes. Con la misma rapidez y factor sorpresa Jack la giró y levantó su vestido hasta su vientre mostrándolo a la mujer de enfrente que no dejaba de observar la escena. Noelia sentía los fríos barrotes de la barandilla en su vientre y muslos, él la apretaba por detrás cada vez más, mientras la señora y él se miraban; ambos se repasaban. En ese momento se sintió objeto, estaba allí excitando a dos personas, capturada por un poder sexual que la inmovilizaba,... y aun no había visto su cara, sin embargo aquella mujer no dejaba de mirarlo. Jack controlaba la escena, sabía perfectamente cómo se estaba sintiendo su víctima, su cuerpo tenso, sus espasmos le decían que era el momento; la quería desorientada pero no perdida. Apartó las bragas con los dedos e introdujo su pulgar largo y huesudo en la vagina de Noelia, y ésta se dobló sobre si misma cayendo su cabello hacia adelante, casi tocando el agua del estanque. Ya no importaba la frialdad del hierro en su piel, recordó a la señora de enfrente cuando sintió que iba a tener su primer orgasmo y desafiándola levantó la mirada. Se había sentado en el banco y estaba con una mano perdida bajo su bolso que tenia sobre los muslos < mírame, mira lo que me hace, tu lo ves yo lo tengo> Y mirándose a los ojos sin parpadear, dos mujeres, sintieron fuego en su sexo y se corrieron mirándose a los ojos desde 7 metros.
No se despidió de aquella ni dejó recuperarse a ésta... la agarró delicadamente por la cintura y le dijo;
-          Vamos a casa.
Por fin lo vio, no podía hacer nada, ya estaba perdida. Sospechaba que habría seguido el juego aunque no le hubiera impactado, pero lo hizo. Continuó andando a su lado, secando a cada paso las gotas que aun soltaba su sexo.











Ciega.
2ª Parte.

La acercó hasta el coche en el subsuelo 3 del Parking Central acomodándola, y fue a caja a pagar. Noelia agradeció este acto pues necesitaba esos minutos a solas para terminar de limpiarse con unas toallitas que llevaba en su bolso, en verdad necesitaba esos minutos para recolocarse pues estaba nerviosa y desconcertada, pero era incapaz de bajar del  coche. Le esperaba en ése silencio oscuro...
 Cuando súbita y poderosamente le llamó la atención la guantera.
  Ahí dentro podría haber cualquier información de Jack; sopesó el riesgo, el tiempo que podía tener para hacerlo y la curiosidad la forzó a alargar la mano y tirar de ella. Había un saquito de un papel tosco y resistente;  con una cinta para cerrar que era una simple cuerda, una caja de lamparitas y una linterna. Ningún documento. Sacó el saquito y lo manoseó para adivinar su contenido, se detuvo a memorizar el tipo de lazada que llevaba para dejarlo idéntico después. Abrió un lazo simple y el nudo, pero el portazo que alguien dio en el garaje, la hizo dar un respingo, y su corazón empezó a bombear tan fuerte que se escuchaba por encima del silencio que volvió a quedar tras el impacto. Esperó unos instantes, repasó el garaje, y otra vez se sintió a solas.
Abrió el saco. En un estuche cuadrado transparente había un vibrador, esto no la sorprendió. Sacó la caja del fondo, idéntica,